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El electromagnetismo: gran ausente en la medicina oficial

Con motivo de las concentraciones del 9 de Mayo convocadas por la CONFESQ (Confederación Nacional de FM, EHS; SFC/EM y SQM) en todo el estado español y del Día de la fibromialgia y la fatiga crónica 12 de mayo. Presento, en este post, un resumen del capítulo 1 y 2 del libro “Las enfermedades de las ondas electromagnéticas. (EHS, Fibromialgia, Fatiga crónica)” del Dr. Gérard Dieuzaide con la colaboración de Christian Bordes con prefacio del profesor Dominique Belpomme y postfacio del profesor Henri Joyeux. Donde se explica y desarrolla profundamente esta temática.


“En ciencia, como en todas partes, la inercia intelectual, la moda, el peso de las instituciones y el peso del autoritarismo dan miedo” Hubert Reeves.

La medicina occidental es una medicina sintomática que se interesa más por las consecuencias que por las causas. Los médicos actuales están educados para responder de manera química a una extraordinaria diversidad de síntomas, la mayor parte de los cuales proceden de mecanismos fisiopatológicos bien elucidados por la medicina, pero que conforman –muchas veces equivocándose- un gran número de explicaciones autosuficientes. Este proceso no empuja a los pacientes a buscar las causas lejanas de sus males, de los que suelen quejarse.

A grandes rasgos, esta aproximación a la medicina actual puede ser calificada de “reduccionista”, en contraposición con la aproximación “holística” que nosotros preconizamos.

Me sorprendo al constatar el gran número de profesionales de la salud que se encuentran cerrados a todo lo que no forme parte de su formación inicial. Como si los conocimientos adquiridos fuesen inmutables para siempre, de manera irremediable y sin posibilidad de contestación.

Otro escollo es la especialización, qué parcela los problemas provocando, en mi opinión, una forma de irresponsabilidad. Los responsables de un comportamiento en raras ocasiones se sienten responsables del conjunto. Todo lo que no sea su especialidad no es su problema.

Las medicinas alternativas no están exentas de este reduccionismo y su parcialidad.

La aproximación holística, que debería ser prioritaria a menudo se resume a una aproximación egocéntrica. Cada terapeuta quiere ayudar a su paciente empleando los métodos que ha adquirido durante su formación, más que nada porque no conoce otras formas. A menudo sus únicos conocimientos médicos se resumen en su formación universitaria. No puede haber aproximación global si se va por estos derroteros.

“Cuándo solo se tiene un martillo, todos los problemas se ven como clavos” esta cita de Abraham Maslow ilustra a la perfección el comportamiento de los médicos y los profesionales de la salud en todas las formas de medicina posibles.

El martillo de la medicina moderna es la química y eventualmente la mecánica. Para ella, el electromagnetismo no existe y si alguna vez existe, es sólo a través del calentamiento qué puede ejercer sobre ciertos tejidos, nada más. Se asemeja en cierto sentido con las microondas... Sin embargo, la del electromagnetismo nada tiene que ver con este tipo de análisis.

Por este motivo, para un problema de cervicales el médico tras haber examinado al paciente le recetará una pomada antiinflamatoria de uso tópico y como mucho una radiografía pero casi ninguno prestará atención a los dientes, los ojos o los pies ni se interesará por los hábitos del paciente que consulta. No obstante, todos ellos pueden ser en muchos casos la causa de una patología cervical. ¿a quién hay que creer?. Imaginemos que este paciente que presenta dolores cervicales en un primer momento acude a la consulta de un podólogo entonces le recetará unas plantillas, si va al dentista le colocará una férula de descarga, si va un oftalmólogo le pondrá gafas, un osteópata lo manipulará y un traumatólogo le propondrá infiltraciones o le someterá a una intervención quirúrgica. Esta descripción parece un poco caricaturesca, pero si lo pensamos con detenimiento la realidad es así.

Por el contrario, lo que es verdaderamente cierto es que la problemática electromagnética ni siquiera será mencionada ni contemplada a pesar de las tensiones que provoca y que suele ser la responsable de este tipo de patologías.

En la actualidad sabemos, de la manera más científicamente posible, que el cuerpo humano tiene una realidad eléctrica y magnética. Es también un sistema abierto a informaciones vibratorias, sometido a las influencias de su entorno electromagnético. Nuestro organismo funciona como si fuera un receptor de radio que puede “chisporrotear” cuando las ondas que recibe son incoherentes con su propio sistema oscilatorio

Dichas informaciones electromagnéticas “disonantes”, cuándo son permanentes, cuando están presentes durante años -tanto si emiten desde el interior del cuerpo, como ocurre en la boca, por ejemplo, como si provienen del exterior, cómo las ondas de contaminación electromagnética o de materiales que llevamos encima- pueden tener desagradables consecuencias para la salud. Y estas consecuencias insospechadas pueden ser graves e incluso dramáticas

El mundo sanitario no tiene derecho, y ya entrado el siglo 21, a ignorar esta realidad. Negarla, decir “no me lo creo”, es un comportamiento irresponsable, por no decir arrogante, que encuentra su fundamento en un formato cientifista que nada tiene de científico. Demasiada gente sufre porque todo lo que recibe por sus molestias es un guantazo desdeñoso o condescendiente.

¿ Por qué hablo de molestias cuando ciertos profesionales hospitalarios o universitarios dicen que no existe, que se trata de un punto de vista mental, de un placebo, de un problema psicosomático, de un problema mental, de ganas de llamar la atención…? Simplemente porque muchos estudios, desde hace decenios, explora la dimensión electromagnética del cuerpo humano, ya se trate de la fisiología al completo cogido algún órgano concreto o bien de ciertos grupos de células en particular.

En la actualidad, el peso de las pruebas científicas con respecto al papel del electromagnetismo en el funcionamiento de la materia viva está apunto de remover los cimientos de la medicina oficial.

El paradigma de la medicina oficial se apoya en una visión esencialmente química y bioquímica de las ciencias de la vida. Desde hace mucho tiempo, numerosos físicos intentan advertir a los biólogos anunciando que muchos de sus conceptos básicos están ya obsoletos. El conjunto de investigadores hospitalarios y universitarios no han integrado la Revolución Cultural epistemológica, abierta por la física de las ondas, de las energías. La mayoría interpone un verdadero muro ante las nuevas ideas que, sin embargo, proceden de la ciencia fundamental es verdad que la visión puramente del funcionamiento de la Salud ofrece un interés económico más que evidente para el conjunto del sistema financiero implicado en lo que yo denomino “la industria de la enfermedad”.

También es cierto que es difícil y casi imposible para un científico como reconocer que los cimientos conceptuales sobre los que ha construido toda su carrera están, sino obsoletos, por lo menos incompletos.

Con una visión antigua, la vida se percibe como una suma de funciones. Como una cómoda y llena de cajones diferentes. Cada tirador tiene su especialista: cardiólogo, oftalmólogo, endocrinólogo, dentista, etc. Cada tirador es independiente y no quiere saber nada de lo que le pase a un cajón de arriba, de abajo o de al lado.

La observación de ciertos fenómenos proporciona pruebas de la existencia de otro hilo conductor diferente al de la química.

Albert Szent-Gyorgiyi galardonado con el Premio Nobel en 1968 afirmó “estoy del todo convencido de que nunca estaremos en disposición de comprender la esencia de la vida si nos limitamos a nivel molecular… una sorprendente sutileza de reacciones biológicas tiene lugar y gracias a la movilidad de los electrones, y no puede explicarse sino es a partir de las posturas de la mecánica cuántica”

¿Qué hacer para que los médicos y demás especialistas de la salud reflexionen pensando en una eventual electrosensibilidad de sus pacientes en el caso de ciertas patologías o de algunos síntomas difíciles de clasificar?

Cuando vamos a tomar el automóvil a un parking y pulsamos el botón para abrir las puertas, es una señal electromagnética la que transmite nuestra solicitud.

Cuando hacemos esquí y vamos al telesilla, es la señal electromagnética que hay en el forfait la que afirma que estamos preparados.

La tecnología moderna se sirve del principio de las emisiones vibratorias para innumerables aplicaciones en todos los ámbitos. ¿Porque, entonces, es tan difícil hacer entender al mundo de la ciencia que un organismo humano vivo puede ser también sensible a señales de esta naturaleza?

Pero algunos médicos de renombre han comprendido la realidad de esta enfermedad: “la excesiva liberación de radicales libres de las moléculas reactivan los derivados del oxígeno que se combinan con el ADN, los lípidos y las proteínas de nuestras células, causando estragos. Y dichos estragos existen, efectivamente, en personas que se ven expuestas a radiaciones electromagnéticas. Es un efecto que no se percibe, pero que existe, y que, a la larga, puede provocar daños cerebrales o causar cáncer. Hay estudios con animales particularmente uno italiano con ratas, que demuestran que si estás se exponen a una radiación electromagnética continua, desde su concepción -a través de la madre rata- con, además, una pequeña radiación ionizante, multiplican el número de cánceres. Por tanto se trata de un fenómeno completamente objetivo” Profesor Montagnier del documental “ les sacrifiés des ondes”.

Algunos se sorprenderán de que se cite, en un libro sobre la electrosensibilidad, a uno de los descubridores del virus del SIDA, el profesor Luc Montagnier. Aquí se le nombra en dos sentidos, en primer lugar como presidente de honor del Consejo Científico del ARTAC y en segundo lugar, por sus remarcables investigaciones sobre la “información electromagnética”.

La Asociación para la investigación terapéutica anticancerosa (ARTAC)es una asociación independiente sin ánimo de lucro que agrupa a médicos e investigadores que actúan según el juramento hipocrático en el estudio biológico, terapéutico y clínico del cáncer. Su objetivo es proteger a los enfermos y encontrar nuevas soluciones para ayudarlos. Este Organismo de Investigación, único en la lucha contra el cáncer, que promueve la prevención ambiental, se ocupa, entre otras cosas, de la contaminación electromagnética y sus consecuencias. Se establecieron colaboraciones con Suecia, Alemania, Italia y Estados Unidos, que agrupaban a médicos, farmacéuticos, biólogos y especialistas de la salud.

El profesor explica que “las bajas frecuencias del ruido electromagnético ambiente desencadena la emisión de ondas electromagnéticas por el ADN de agentes infecciosos, virus y bacterias presentes en el cuerpo humano, que podrían contribuir a su acción patológica” Correo del profesor Montagnier al AFSSET, 29 de mayo de 2009, www.robindestoits.org/attachment/332322

Dicho de otro modo, la unión de campos electromagnéticos ambientales, naturales o artificiales (CEM) con la materia viva produce efectos que pueden modificar el comportamiento de esta última.

Hay que tener también en cuenta que los CEM, como los denominan los trabajos del ARTAC bajo la dirección del profesor Dominique Belpomme abre la barrera hematoencefálica, abreviadas como BHE.

Esta BHE es una barrera fisiológica que se encuentra en el encéfalo y que protege al cerebro de agentes patógenos, toxinas y hormonas que circulan en sangre. Está constituida por células endoteliales, que se relacionan entre sí mediante lazos estrechos, y que tapizan los capilares por la parte de flujo sanguíneo (unión entre el endotelio vascular y los podocitos de los astrocitos).

La apertura de dicho filtro separador permite a las toxinas, a los agentes patógenos y otros metales pesados presentes en la circulación sanguínea penetrar fácilmente en el cerebro y eso puede tener consecuencias nefastas.

Para algunos, ciertas enfermedades neurodegenerativas en aumento desde hace 20 años - como la esclerosis por placas, el Parkinson o el Alzheimer- se deberían a la apertura de la barrera, lo que permitiría que los depósitos se dijo sustancias en las conexiones y sinapsis neuronales impidieran el adecuado funcionamiento del cerebro.

Pero si la BHE es numerable a qué tipo de exposiciones deberíamos preguntarnos si las mismas razones pueden tener consecuencias en otras barreras como la hematoocular (que protege los ojos),como la hematoplacentaria (que protege al feto), la hematoentérica (que protege al sistema digestivo) y la hematotesticular (que protege el desarrollo del esperma).

Y se relaciona la radiación emitida por el ser vivo y sus diferentes formas y la radiación natural o artificial presente en el entorno, los trabajos de Montagnier tienen implicaciones revolucionarias para la biología y para nuestra forma de concebir el Universo.



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