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Como elegían las culturas antiguas sus lugares para vivir II

Todos los pueblos indígenas comparten un sentimiento de aprecio y de armonía con respecto al mundo que los rodea y creen que se ha encomendado a la humanidad la responsabilidad de conservar esta armonía.

Sí nuestra propia existencia ha de ir acompañada de unas relaciones constructivas con el medio que nos rodea, la vida “correcta” es la vida armoniosa, y vivir en armonía con el entorno significa estar sintonizados con las energías que fluyen en el universo.

Significa también que las viviendas que construyamos no obstaculicen el flujo de estas energías. Respetar el entorno y el entorno os nutrirá. En eso consiste la colaboración y la dependencia mutua con la Tierra. lo expresa con elocuencia un dirigente espiritual tibetano el duodécimo Tai Situpa: “Debéis escoger vuestro entorno según corrientes de energía sutiles, y los lugares más favorables son aquellos que reciben y que aprovechan al máximo las energías benéficas disponibles. (...) La ciencia de la geomancia es un estudio de los efectos de las energías medioambientales, de los principios de funcionamiento de estas energías y de los pasos que se pueden dar para mejorar las circunstancias armonizando las fuerzas del medio ambiente, y de incorporar las fuerzas no visibles de este al diseño arquitectónico y paisajístico”.

La conciencia del flujo de la energía o poder a través de la Tierra no es exclusiva de las culturas asiáticas ni mucho menos. En la tradición céltica, la Tierra está impregnada de espíritu, y su poder está presente en las piedras, en las cuevas, en las colinas, en los manantiales, en los ríos, en los pozos y en los árboles. Cuando la energía se mueve se desplaza a lo largo de las líneas de orientación y cuando está inmóvil, se concentra en las grutas, en los manantiales y en las arboledas. Las antiguas gentes de Europa conocían personalmente estas energías y comprendían que eran la fuente del poder que renovaba a la Tierra. Si se dañaban o se destruían los lugares de poder, la vida en la Tierra no se renovaría y todo se marchitaría y moriría.

La noción de que hay poder en la naturaleza también era fundamental entre los antiguos griegos. La naturaleza nutre a todas las cosas que están asociadas a ella y su poder se concentra sobre todo en las cuevas, en las corrientes de agua y a las montañas. Aún después de que los celtas y los griegos se asentaran en las ciudades, las obras arquitectónicas que se levantaban en los lugares de poder eran un vínculo entre el espíritu de la Tierra y la vida humana. Cualquier incorrección en la orientación de tales estructuras o cualquier error al elegir su situación acarrearía un desastre incontrolable.

Sí las relaciones íntimas entre la humanidad y el entorno estaban tan arraigadas en la cultura oriental y en occidente ¿porque el entorno y la vivienda han perdido su significado en la sociedad moderna? La Tierra se ha convertido en propiedad inmobiliaria que se puede comprar y vender, y ya no se siente como una fuente de energía y de nutrición. Además, nuestro temperamento moderno tiende a despreciar las visiones indígenas y antiguas del entorno por considerarlas primitivas y fruto de mentalidades ignorantes.

El filósofo Heidegger plantea la cuestión de que la humanidad ha perdido el contacto con el significado de la palabra “vivienda” cuando la función primaria de una casa deja de ser la de servir de vivienda, se rompe la armonía entre lo construido y lo natural, entre la casa y el entorno.

Una buena parte de la arquitectura reciente, incluso el diseño de interiores, han conseguido frecuentemente actuar muy bien ante la cámara y los premios con edificios narcisistas, absortos en sí mismos, sin prestar la adecuada atención a las necesidades vivas de sus ocupantes y de sus transeúntes.

Tanto el Feng Shui como la ecología occidental están de acuerdo en que las viviendas de los pueblos indígenas y las casas “corrientes” resultan ser las que mantienen una mayor armonía con el entorno y no ejercen una presencia intrusa en él.







Las viviendas de los indios del suroeste de los Estados Unidos: Wigwan o Wickiup











Las viviendas trogloditas de los Anasazi











Las cabañas de troncos de los pioneros americanos: Siberia










Las cabañas de troncos de los pioneros americanos













La granja del Medio Oeste de los Estados Unidos











La casa de campo europea











La casa típica de la familia estadounidense media







Esto se debe a que estas viviendas no se construyeron para enseñarlas sino para vivir en ellas. Estos edificios no exhiben diseños propios de las últimas modas arquitectónicas, sino que fueron construidos para cumplir una función muy sencilla pero importante: para ser habitados por persona. Estas casas no son meros edificios: son verdaderas viviendas.

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